Absorto...
y con la mirada
anclada en la ventana.
Tras ella se dibujaba
un claroscuro escenario
que se confundía
con el difuso horizonte.
Una lágrima egoista
brotó adolorida de mis ojos
y rodó por mis mejillas.
¡Aquel fue el único adiós que hubo!
Después, desapareció envuelta por la espesa niebla
que invadía la moribunda tarde,
bajo la difusa e intermitente luz de una luna triste.
Un adiós que la ventana escondió
colgado en el silencio de sus cristales...


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