Absorto...
y con la mirada
anclada en la ventana.
Tras ella se dibujaba
un claroscuro escenario
que se confundía
con el difuso horizonte.
Una lágrima hiriente
brotó adolorida de mis ojos
y rodó por mis mejillas.
Aquel fue el único adiós que pude gritar
antes de que desapareciera secuestrada
por la espesa niebla que invadía la moribunda tarde
bajo la difusa e intermitente luz de una luna triste.
Un adiós que la ventana escondió
colgado en el silencio de sus cristales...


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