Tu piel es de costa
y de misterioso estero
que acaricia los manglares.
De soledad, clamor
y de angustiante espera.
Tu piel es de tiempo,
de nostalgias y anhelos.
Tu corazón es de arena
y cargado del hierro
de incandescentes forjas.
Tus manos son mares
de anchas caricias
y tu alma es viento y playa
de calmas y tormentas.
Tus miradas son espejos
de incontables estrellas,
y tu búsqueda es el universo
que se refleja en tus pupilas.
Eres el silencio
de los volcanes hundidos,
el murmullo
de las islas naranja de los atardeceres.
Eres el celeste horizonte
de la esperanza y la redención
que reta las proas audaces
del deseo, el sufrimiento y el pecado.
Eres guerrera y muralla
de inclaudicables luchas.
¡Heroína y amante ardiente!
¡Eres resiliencia y bastión
de los que se amamanta

