I
Estoy como ausente
y con la mirada
anclada en la ventana.
Tras sus rústicos arcos se apagaba
un cercano y claroscuro escenario
que se fundía con el difuso horizonte.
Una lágrima cristalina
humedeció mis pupilas
y rodó por mis mejillas.
¡Fue el único y mudo adiós
que hubo entre nosotros...!
II
Después, bajo la luz plomiza de la luna,
ella lentamente desapareció secuestrada
por la niebla empoderada en la tarde gris.
¡Un adiós que la ventana escondió
colgado en el silencio de sus cristales!

