I
Somos fósiles vivientes.
Fósiles curiosos e inteligentes.
Vestigios conscientes y testimoniales
de la evolución de la vida y el universo.
Somos el reflejo, el testigo
y el asombro de nuestros
lejanos y cósmicos orígenes.
¡Porque, en nuestra esencia,
somos polvo de estrellas
en busca de la trascendencia!
II
El bien y el mal...
La eterna lucha moral, existencial
y religiosa de nuestra especie:
aquella entre el alma y la conciencia.
El alma
como soplo divino y universal
que define nuestra vida.
Y la conciencia,
con su inherente subjetividad,
lo maleable de nuestra existencia.
El bien es consustancial a nuestra naturaleza
y el mal, el resultado de nuestras decisiones.
¡Esta dicotomía evolutiva es
la esencia de nuestra humanidad...

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