I
Me ha moldeado
como arcilla.
A veces hasta el hastío
pero sin esclavizarme.
Ha habido momentos
de tensión y escape;
de búsqueda, desilusión
y agudo arrepentimiento.
Otros… de verdes lejanías,
de amores y místicos erotismos
que han sido como banderas al viento
en un atardecer azul plomizo.
La mayoría de descubrimiento
refrescante y vitalizador,
a pesar de la creciente pesadez
de las golondrinas en mis pupilas.
Errores
- y muchos -
he cometido, no lo niego,
pero nunca me senté a llorar por
mis fracasos.
Por el contrario... aprendí
- y mucho -
de los latigazos que da la vida.
También alcancé altas cumbres
de las que siento orgullo honesto,
pero también silenciosa humildad.
La balanza de mi peregrinaje,
me atrevo a decir,
está en un punto equilibrado.
II
La cadencia de mi vida,
no siempre melódica
pero sí constante
con sus cimas y abismos,
no me ha dejado duda alguna
de lo valioso de mi resiliencia.
Así que filosófico,
pero agradecido y desafiante,
lo resumo:
Mi realidad,
desposeída de eufemismos,
de mi soberbia, de mi egoísmo
y mis reproches existenciales,
es - esencialmente - mi libertad.
A Dios, único juez que acepto,
y a mi familia, al tiempo y al recuerdo
como fiscales, defensores y verdugos,
someteré, como acusado en ausencia,
mi caso para su veredicto final...


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